TÉCNICAS PARA BAJAR EL NIVEL GENERAL DE ANSIEDAD
1.1. Ejercicio:

1.3. Desaceleración:

Ante una situación de estrés se impone una cierta rebaja de nuestras aspiraciones. No podemos forzar la marcha para que quepan más cosas en el mismo periodo de tiempo, y hay que seleccionar con criterios de relevancia, intentando delegar o aplazar el resto.

Aunque logremos disminuir la cantidad, podemos estar tan acelerados que sin quererlo hacemos las cosas igual de rápido aun con menos actividades y nos damos cuenta que nos sobran huecos de repentina inactividad.

Desacelerar significa lentificar todos nuestros movimientos forzando una "velocidad de paseo'', apostando por regodearnos con la perfección y pulimento de lo que llevamos entre manos (por ejemplo, escribir con muy buena letra, seleccionar las palabras, ampliar las frases entrando en detalles y consideraciones, repasar los trabajos o introducir pequeñas mejoras creativas).

Las sensaciones de vacío hay que llenarlas con algo que nos ayude a no desquiciarnos frente a ese fisura, atendiendo con esmero a lo que nos rodea observando bien lo que tenemos a nuestro alrededor, donde estoy, como es la persona con la que estoy, jugando a crear algo divertido, entretenido y relajado para ofrecer goce al tiempo que pasa y que así transcurrir se convierta en un vivir agradable.

1.4. Planificación de actividades:

La sabiduría y astucia a la hora de planificar nuestras actividades es otra herramienta muy conveniente para rebajar tensiones, sabiendo intercalar descansos oportunos para aliviar el crecimiento de la ansiedad o cambiando el tipo de tarea a una más suave o llevadera, hasta recuperar el buen talante y afrontar la dureza del día con energías siempre sobradas en vez de desfallecidas.

No debemos olvidar que al cabo del día hemos de dar satisfacción a distintas necesidades y no descuidarlas es una forma de armonizarnos, dedicando tiempo a los amigos, a nuestras lecturas, músicas y placeres personales, teniendo momentos de contacto afectivo.

1.5. Ayuda farmacológica:

Si los síntomas de la ansiedad o las consecuencias que reporta son demasiado desagradables o incapacitantes, podemos recurrir a una ayuda farmacológica.

Los sedantes y ansiolíticos pueden ser de gran ayuda, aunque en ocasiones les demos un papel más modesto de apoyo de lo que debiéramos. Los ansiolíticos son fármacos que se utilizan durante un periodo de tiempo adecuado y que siempre deben ir prescritos por el médico. Hay diferentes tipos y debe elegirse el adecuado para cada tipo de paciente y cada situación.

No hay que tener miedo a “las pastillas” y aunque en algunos casos tienen efectos secundarios, estos son, en la mayoría de los pacientes, leves y pasajeros. Conviene consultar siempre al médico todas las dudas que puedan surgir en cuanto a la posología o los efectos secundarios.

Es insuficiente y peligroso considerar los tranquilizantes como una “pastilla” que nos da un alivio para seguir haciendo lo mismo que estábamos haciendo, pero sin consecuencias desagradables (algo así como si alguien pidiera al médico una medicina para el dolor de estómago para poder seguir dándose atracones a su antojo).

1.6. Técnicas de relajación:

Los ejercicios de relajación, respiración y yoga son tan poderosos como un fármaco, aunque algo más trabajosos. Puede resultar una buena inversión aprender estas técnicas por que no sólo serán útiles para afrontar el momento actual, sino que nos ayudarán a cuidarnos ante los agobios que nos depare el futuro.

1.7. Actividades manuales:

Las actividades manuales son muy convenientes para las personas que tienen ansiedad y preocupaciones intelectuales. Las aficiones artísticas y de bricolaje nos hacen entrar en contacto con los objetos sencillos y nos dulcifican, haciendo que hundamos nuestras raíces en la realidad. El disfrutar de la naturaleza tiene similar efecto benéfico.

Las personas cuyo estrés tiene un origen físico (trajín imparable, niños revoloteando, esfuerzos físicos intensos, etc.) les interesa más bien lo contrario, dejar aparcado el cuerpo y hacer trabajar el espíritu con cosas que estimulen la inteligencia, como podría ser una actividad de aprendizaje (idiomas, ordenadores, cursillo) o una actividad asociativa (vecinal, ONG, etc.) o lúdica.

1.8. Sexualidad:

Si se dispone de una pareja conviene dedicarle atención, procurando cultivar la atracción mutua. Las relaciones sexuales satisfactorias (evitando que resulten exigentes, compulsivas o rutinarias) tienen un efecto muy beneficioso para espantar tensiones acumuladas. Puede ser un buen momento para mejorar la comunicación y el arte de amar.

1.9. Actividad social:

Aumentar la vida social, vincularse, participar en las conversaciones, reuniones informales y cultivar la amistad, son ideas positivas y loables por sí mismas y no deben dejarse de lado pensando que el "retiro'' y el aislamiento nos tranquilizarán en mayor medida.

Particularmente conviene calmarse mediante el vínculo con lo afectivo, con el contacto con las personas a nuestro alrededor, nuestra pareja y nuestra familia.